Descompilador para Java

septiembre 8, 2010

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JarExplorer

El maestro estudioso de las olas y la teoría del caos.

octubre 3, 2009

Hace meses soñé con Elías, que me pedía ayuda para montar un extraño artilugio. No soy un soñador tan experimentado como Carter, así que en ocasiones mezclo las experiencias oníricas con la realidad, y lo que es aún más grave para un soñador, me tomo los sueños a la ligera, incluso a veces me dejo llevar por un enfoque freudiano, como esperando encontrar algún tipo de mensaje implícito en el sueño, capaz de contestar a la pregunta común de todo viajero onírico: el por qué.
El caso es que Elías, librero de profesión, en su estado de vigilia, había conseguido un bajo muy ortodoxo e interesante cerca de la plaza de los coches, un gran escaparate en una segunda altura, con el cristal casi opaco por el polvo acumulado durante años. Dentro, tenía organizado un desoden descomunal de extrañas piezas electrónicas de un siglo pasado no existente, de extraña forma y de uso aún más oscuro. El caso es que aún me interesé por el montaje del extraño dispositivo y de la rareza de las piezas. A las pocas horas de estar lidiando con ellas, el sueño se me desfiguró, convirtiéndose en una nebulosa onírica no definida, con la alarma del despertador como final.
La sorpresa se produjo anoche, cuando me desperté a las seis y pico de la mañana en el comedor de mi apartamento. Un sueño me había hecho despertar. Acababa de estar en el bajo de Elías, otra vez, cerca de la plaza de los coches. Había terminado de montar su dispositivo, ya sabía cual era su fin y propósito. Elías se había convertido en el maestro de las olas, durante más de un par de horas oníricas me había estado explicando el propósito de todo aquello, la teoría del caos y la forma de las olas.
Para quien no lo sepa, vivimos en un pequeño pueblecito pesquero, aunque más que pescar, ya nos dedicamos más a la cosa de la industria, sin sentido. No obstante, y como hace poco me enteré, en la época de los romanos, el pueblecito estaba sumergido en el mar, por ende lo de pesquero vino después. Pero no lo bastante, para que se produjera un extraño fenómeno de unión entre las manías pesqueras y el estigma obrero. Así que quedan zonas oscuras en viejas barriadas cerca del puerto, en las que se practican extraños ritos ancestrales horas antes del cambio del turno en fábrica. La campana o los tambores han sido susitudos por el atónico sonido de la sirena de fábrica. Pero nadie dice nada o comenta sobre esas noches en las que la sirena suena a desaconstrumbadas horas antes de que despunte el alba. Se mantiene silencio sobre los extraños acontecimientos y actividades que se realizan en dichas zonas.
Allí, en el polvoriento bajo, mientras Elías me explicaba la relación entre la forma de las olas y de cómo rompían en la arena, mientras la extraña máquina con sus volantes ovoides giraba con un ritmo fuera de un orden de concepción humana, no podía imaginar lo que después vi com mis própios ojos de soñador, el cambio del pueblecito pesquero. Había restauradores, profesores de Universidad, rehabilitando las viejas casas de planta baja cercanas al antiguo puerto pesquero y su no lonja. Justificando la restauración de vetustos frescos y retablos que esas infames y oscuras casas nunca vieron o imaginaron ver. Rehaciendo molduras inexistentes en comedores que habían asistido a los más inhumanos ritos imaginables. Y rehabilitaban con su afán y su buen saber de la razón, indignándose frente a la falta de cuidados que los ignorantes inquilinos habían profesado frente a sus vacuas ornamentaciones. Indignado, y más después de recibir las sabias conclusiones del maestro de las olas y el caos, me propuse caminar hacia el poniente, aún consciente de que mi concentración onírica pronto se agotaría. Así me encontré, al poco rato, en una amplia plaza, que nada debería envidiar a la de San Marcos, con un hermano, que bien podía haber sido o ser. Al menos así lo reconocí y él a mí, como iguales. Nos sentamos en una mesa bajo los artesonados de madera, nunca antes vistos por estas zonas, el sol se ponía, algo presentía que estaba a punto de cambiar, algo en mis sueños y en los de todos, me desperté en el comedor de mi casa, C. dormía plácidamente a mi lado. Busqué la tila en los ventiladores del PC y me hice un cancrillo, eran las seis y pico de la mañana.

El led láser.

julio 25, 2009

La otra mañana mi compañero del curro miraba repetidas veces el PC roto que tengo debajo de la mesa. Al rato me confesó que miraba el gabador DVD que tenía la torre. A los dos minutos ya estábamos a la cosa de desmontarlo y es que hay un vídeo.
La gabadora en cuestión es una LG, tiene dos leds, el que nos interesa es el grabador (según el vídeo es el que tiene 3 patitas). Efectivamente hay uno con 3 patitas dos de ellas conectadas entre si (suponemos que es tierra) y la otra se alimenta a 5V. Hasta aquí llegamos esa mañana ya que nos faltaba alguna herramienta que otra.
A la mañana siguiente con un soldador, algo de estaño y un multímetro pudimos continuar con el experimento.
El potencial de alimentación lo sacamos de un conector usb conectado a un hub, sacrificando para la ciencia un pequeño alargador usb.
Y funcionaba, al principio salía humo, pensamos que estábamos ya con el láser como el del vídeo, pero era del propio led, el led humeaba. Tras volverlo a conectar la intensidad era muy baja comparada con la primera vez. Intentamos usar las lentes que se encontraban en la grabadora DVD para tratar de focalizar el rayo, pero ya nada. El led se nos quemó.
Ahora sólo espero que alguien done otra grabadora DVD a la ciencia.

Seguiremos investigando ” “.


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