Archive for the ‘Oniricismo’ Category

Una pata de Gormiti

julio 9, 2012

Es una pata de Gormiti.

Es un Gormiti que se ha materializado en medio de un mundo. O es un mundo que se ha materializado en medio de un Gormiti.

La reflexión ya se la hicieron antes otros. Otras maneras. Chuang Tse y la mariposa.

Quizá la mariposa de Tse se planteara la misma cuestión antes que éste. ¿Como podría la mariposa dejar el legado de su reflexión? Quizá emitiendo una serie de hormonas que codificaran el mensaje.

“Yo una mariposa, anoche soñé que era un hombre que reflexionaba mientras caminaba tranquilamente a la sombra de los árboles. No era consciente de que fuera mariposa. Puede ser que sea en realidad un hombre que soñaba que era una mariposa.”

Quizá batiendo las alas, codificando el mensaje. Provocando un tsunami en alguna otra costa lejana, o creando una nueva estrella en alguna lejana galaxia, dentro de unos cuantos millones de años. ¿Pero que hombre podría decodificar ese mensaje de la mariposa? De la mariposa de Tse.

Puede que un Alan Turing del futuro. Uno que no se encontrara con las mentes obtusas de su tiempo. Esas mentes que salvó y las familias de las mismas. Las mentes que lo llevaron al suicidio, por que no fueron capaces de poder aceptar su preferencia sexual, su homosexualidad. Posiblemente esas mentes nunca llegaron a reflexionar, ni saber sobre las aventuras oníricas de una mariposa.

Me pregunto: cuántas mentes que deciden el destino de personas hoy en día siguen siendo obtusas.

Cómo, siendo personas, es posible olvidar, ignorar el sufrimiento de otros semejantes. Mirar para otro lado.

La mirada de un Turing del futuro.

Con su ojo cibernético. Un ojo dedicado a desencriptar mensajes, conectado a una parte mejorada de su cerebro. Como su predecesor, con el fin de salvar vidas y luchar contra la injusticia impuesta por sus semejantes. Enfrentándose al enigma del mensaje codificado de los genes que rigen mentes obtusas, de nuestro tiempo, del tiempo de Tse, de su tiempo. De las mentes que dirigen la mirada hacia otro lado, las que no son capaces de sentir empatía. El homusPsicopaticus.

Mentes obtusas, que teniendo los medios, no son capaces de salvar, en general, vidas.

Mentes vestidas.

M.G.M.

Mientras… en el primer mundo, equipos técnicos millonarios en departamentos públicos de investigación puntera acumulan polvo esperando a ser devorados por la avaricia de las mentes obtusas y egoístas, su tiranía tecnológica.

El ojo mejorado, por ejemplo el del Alan Turing del futuro, el que desencriptará el mensaje, saldrá de algún proyecto cibernético de fuentes abiertas. De una idea, de una acción basada en la cooperación, de los que no son obtusos y solo les queda el camino de la locura o el de la lucha.

El eterno retorno de lo idéntico.

“I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving

hysterical naked”

Hasta los genes, comparten, cooperan. Los genes no son egoístas. Pero solo cooperan, evolucionando y persistiendo los caparazones que son consecuentes al concepto mismo de la vida, la trasmisión de información, el código de la vida.

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El maestro estudioso de las olas y la teoría del caos.

octubre 3, 2009

Hace meses soñé con Elías, que me pedía ayuda para montar un extraño artilugio. No soy un soñador tan experimentado como Carter, así que en ocasiones mezclo las experiencias oníricas con la realidad, y lo que es aún más grave para un soñador, me tomo los sueños a la ligera, incluso a veces me dejo llevar por un enfoque freudiano, como esperando encontrar algún tipo de mensaje implícito en el sueño, capaz de contestar a la pregunta común de todo viajero onírico: el por qué.
El caso es que Elías, librero de profesión, en su estado de vigilia, había conseguido un bajo muy ortodoxo e interesante cerca de la plaza de los coches, un gran escaparate en una segunda altura, con el cristal casi opaco por el polvo acumulado durante años. Dentro, tenía organizado un desoden descomunal de extrañas piezas electrónicas de un siglo pasado no existente, de extraña forma y de uso aún más oscuro. El caso es que aún me interesé por el montaje del extraño dispositivo y de la rareza de las piezas. A las pocas horas de estar lidiando con ellas, el sueño se me desfiguró, convirtiéndose en una nebulosa onírica no definida, con la alarma del despertador como final.
La sorpresa se produjo anoche, cuando me desperté a las seis y pico de la mañana en el comedor de mi apartamento. Un sueño me había hecho despertar. Acababa de estar en el bajo de Elías, otra vez, cerca de la plaza de los coches. Había terminado de montar su dispositivo, ya sabía cual era su fin y propósito. Elías se había convertido en el maestro de las olas, durante más de un par de horas oníricas me había estado explicando el propósito de todo aquello, la teoría del caos y la forma de las olas.
Para quien no lo sepa, vivimos en un pequeño pueblecito pesquero, aunque más que pescar, ya nos dedicamos más a la cosa de la industria, sin sentido. No obstante, y como hace poco me enteré, en la época de los romanos, el pueblecito estaba sumergido en el mar, por ende lo de pesquero vino después. Pero no lo bastante, para que se produjera un extraño fenómeno de unión entre las manías pesqueras y el estigma obrero. Así que quedan zonas oscuras en viejas barriadas cerca del puerto, en las que se practican extraños ritos ancestrales horas antes del cambio del turno en fábrica. La campana o los tambores han sido susitudos por el atónico sonido de la sirena de fábrica. Pero nadie dice nada o comenta sobre esas noches en las que la sirena suena a desaconstrumbadas horas antes de que despunte el alba. Se mantiene silencio sobre los extraños acontecimientos y actividades que se realizan en dichas zonas.
Allí, en el polvoriento bajo, mientras Elías me explicaba la relación entre la forma de las olas y de cómo rompían en la arena, mientras la extraña máquina con sus volantes ovoides giraba con un ritmo fuera de un orden de concepción humana, no podía imaginar lo que después vi com mis própios ojos de soñador, el cambio del pueblecito pesquero. Había restauradores, profesores de Universidad, rehabilitando las viejas casas de planta baja cercanas al antiguo puerto pesquero y su no lonja. Justificando la restauración de vetustos frescos y retablos que esas infames y oscuras casas nunca vieron o imaginaron ver. Rehaciendo molduras inexistentes en comedores que habían asistido a los más inhumanos ritos imaginables. Y rehabilitaban con su afán y su buen saber de la razón, indignándose frente a la falta de cuidados que los ignorantes inquilinos habían profesado frente a sus vacuas ornamentaciones. Indignado, y más después de recibir las sabias conclusiones del maestro de las olas y el caos, me propuse caminar hacia el poniente, aún consciente de que mi concentración onírica pronto se agotaría. Así me encontré, al poco rato, en una amplia plaza, que nada debería envidiar a la de San Marcos, con un hermano, que bien podía haber sido o ser. Al menos así lo reconocí y él a mí, como iguales. Nos sentamos en una mesa bajo los artesonados de madera, nunca antes vistos por estas zonas, el sol se ponía, algo presentía que estaba a punto de cambiar, algo en mis sueños y en los de todos, me desperté en el comedor de mi casa, C. dormía plácidamente a mi lado. Busqué la tila en los ventiladores del PC y me hice un cancrillo, eran las seis y pico de la mañana.


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